La palabra escrita es dejar que mi corazón haga eco para darme a los demás. Ana Domínguez

Perdona ¿qué hora es? 

 

Desde muy pequeña me han gustado los relojes. El primero que tuve fue uno de plástico relleno de bolitas de caramelo, todavía lo recuerdo con cariño. Aún después de comerme todos los caramelos, yo lucía orgullosa el reloj sudoroso en mi muñeca.
 
Bastantes años más tarde, con mi primer sueldo me compré un reloj, era elegante, sobrio, el diseño era precioso, pero mi sueldo en ese entonces no daba para un reloj de calidad, así que trabajó estupendamente durante un año y luego empezó a retrasarse.
 
Cuando salí de casa para casarme, mi madre me regaló otro precioso reloj, calidad y diseño a la par. Trabajó para mí durante casi 10 años y seguramente seguiría trabajando si no llego a romper su delicado cristal. 
 
Desde entonces he tenido pocos relojes, casi todos baratos y bonitos, duran poco y me dan la oportunidad de comprar otro y lucirlo durante un tiempo. Mi última adquisición fue en Madrid, ahí compré tres relojes de 3 euros cada uno, jajaja, sí, tres euros cada uno. Mi amiga, que había comprado antes, me comentó que tuvo la osadía de preguntarle al joyero si los relojes tenían garantía y él, irónicamente, respondió: Sí hombre, garantía de dos años y reparación gratuita ¿pero qué quiere usted por 3€? Por supuesto, los relojes lucen geniales como pulseras, pero si quiero saber la hora, mejor pregunto.
 
Muchas veces nuestra vida es como los relojes. Nuestro equilibrio en calidad y diseño dejan mucho qué desear.  Fuimos creados con un propósito y no es otro que ser hechos a la imagen de Cristo (Ro. 8:29) y cuando cumplimos este propósito es cuando "todas las cosas nos ayudan a bien", según el versículo anterior (Ro. 8:28). Los relojes son creados con el propósito de indicarnos la hora y así poder organizar de manera responsable nuestro tiempo, pero dependiendo de la calidad del reloj, este será eficiente o no. La mayoría de ellos tienen un diseño impresionante, pero su maquinaria es de tan mala calidad, como los de 3€, que solo sirven como pulseras.
 
Los cristianos a veces somos "cristianos pulsera", solo tenemos una buena apariencia, pero no tenemos calidad. Por fuera lucimos guapos, amables, leales, hasta hablamos cristianés, pero por dentro estamos estropeados, no cumplimos con nuestra misión, la vida de Cristo no fluye en nosotros y por lo tanto no estamos reflejando su gloria. 
 
Así como los relojes tienen que indicarnos correctamente el tiempo Kronos, hay otros dos tiempos que nos interesan: El tiempo Aión y el Kairós. 
 
Mientras el Kronos es el tiempo que transcurre desde que somos concebidos hasta que morimos, el Aión es el tiempo de vida (el estar y hacer). Es nuestra vida diaria, es ese tiempo que deber reflejar la imagen de Dios en nosotros. Luego está el Kairós, el tiempo de Dios, el tiempo perfecto, preciso y planificado por Dios para nosotros. Es el calendario divino que debemos reconocer. Jesús fue un experto en conocer los tiempos de Dios para su vida y los cumplió con tal exactitud que a los 33 años ya había cumplido con todo lo que tenía que hacer en esta tierra.
 
Creo que cuando reconocemos los tiempos de Dios para nosotros, cuando somos capaces de vivir bajo Su calendario, entonces nuestro tiempo de vida en esta tierra será el reflejo de Cristo en nosotros y el Kronos será un tiempo bien aprovechado, consumido sabiamente. Como dijo el salmista " Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría".
 
Mi oración es que cada día mi vida sea un equilibrio entre calidad y diseño. Que la obra de Dios dentro de mí pueda reflejarla a los demás. Que su trabajo sea garantizado y que las reparaciones no sean costosas
 
 
Hace unos años mi esposo me sorprendió con un reloj precioso y de una calidad extraordinaria. Y sigue funcionando con una precisión impecable...

Cuando las ganas se van

Hay días que me siento vacía, pero no es un vacío de esos que sientes que necesitas llenarlo con algo y entonces aparece un Testigo de Jehová en tu puerta y te da la solución. Simplemente son días en los que estoy viendo la vida pasar a mi alrededor como si no fuera conmigo. Días en los que no tengo ganas de nada, tampoco estoy deprimida (no tengo motivos, gracias a Dios), tampoco estoy enojada, ni siquiera triste, simplemente estoy y ya es mucho decir. No se me ocurren ideas, no tengo ganas de orar, ni de hablar con nadie. Son esos días en los cuales me podría quedar sentada en el banco de un parque y pasar horas y horas hasta que llegara una grúa y me trajera a casa. 

 

Esto no me sucede a menudo, pero sucede. Y cuando he estado en ese absentismo emocional me he sentido culpable. He sentido que estoy traicionando el plan de Dios para mí, que Dios no me creo para levitar por la vida, que tengo que hacer algo, que es mi deber; mi obligación es hacer algo, algo, algo, lo que sea, pero hacer algo.

 

Esta semana he tenido uno de esos días y decidí que, en lugar de condenarme, me tomaría el tiempo necesario para reflexionar sobre esto, tal vez preguntarle a Dios su opinión al respecto, porque a final de cuentas yo daba por hecho lo que Dios pensaba de mí en esos casos, pero era mero chisme espiritual en mi interior, porque Dios no me ha dicho lo que piensa al respecto.

 

Después de mi vaga reflexión, digo vaga porque lo hice sin ganas, llegue a la conclusión de que esos días son pausas necesarias. Vivimos en un mundo tanto evangélico, como secular, que nos ha enseñado que si no hacemos algo, si no estamos en constante trabajo y esfuerzo, no valemos.

 

Tampoco es cuestión de ser flojos y nunca hacer nada, pero sí es verdad que cuando nosotros no decidimos parar, nuestro ser hace una pausa y nos desconecta del frenesí. Es entonces cuando después de un rato decimos ¿qué me pasa? No tengo ganas de nada, no se me ocurre nada y empezamos, por lo menos yo, a condenarnos.

 

Creo que Dios fue tan perfecto al programarnos que decidió poner un chip que desconecta todo nuestro interior y nos invita a parar, a contemplar, a observar, pero somos tan necios que obligamos a nuestro ser (espíritu, alma y cuerpo) a seguir trabajando a marchas forzadas. Empezamos a orar sin ganas, a leer sin ganas, a salir sin ganas, a escuchar sin ganas, a hacer nuestras labores sin ganas. 

 

Por supuesto que no siempre se puede uno quedar en el limbo cuando el chip cortaemociones se activa, muchas veces tenemos que seguir acudiendo al trabajo, atendiendo nuestro hogar, conviviendo con la gente. Pero lo que sí podemos hacer es poner atención y cuando llega esa desconexion, cuando sentimos que hacemos todo por inercia, es entonces cuando debemos revisar nuestra agenda y buscar un espacio para la contemplación. Un espacio de soledad y descanso donde nuestro espíritu pueda reposar sin sentirse culpable por no sentir a Dios, donde nuestra alma cruce la línea de la falta de emociones a la paz interior, donde nuestro cuerpo sepa que puede relajarse y renovar fuerzas.

 

Todos necesitamos un Selah en nuestra vida, esa pausa que existe entre los salmos. Esa pausa que sin ella, la letra sería hueca, perdería sentido o causaría confusión, caos, desorden, corto circuito. 

 

Tal vez no todos estén de acuerdo conmigo y sigan la escuela del esfuerzo continuo, el arduo trabajo hasta que revienten como sapos, pero yo he decidido no condenarme más, tomarme mis pausas emocionales como cuando sacas la batería de un aparato y la pones a cargar, el aparato sigue ahí, sirve para lo mismo, pero no puede ser eficiente hasta que las pilas se han cargado y las tiene otra vez en su sitio. El mundo no se va a mover ni un ápice de su sitio mientras yo recargo mi interior. Los flojos no necesitan estas pausas, ellos van a seguir ahí, en el mismo lugar, sin hacer nada el resto de sus vidas. Ellos nacieron con el chip ya estropeado.

** Organizando Armarios **

Hoy me levanté en modo Ama de Casa. Después de una semana de tener de visita a mi hermano y mi cuñada, de poder viajar con ellos y tener una serie de eventos en la iglesia, mi casa estaba... ¿cómo decirlo? ¿caótica?, en fin, a mí y a mi perfeccionismo nos parecía un campo de batalla.


Empecé a limpiar, a recoger y a restablecer todo lo que había sido modificado. Desembalé una preciosa cafetera que nos regaló la iglesia, me preparé un capuccino y, de repente, me vi organizando cajones... ¡sí! ¡cajones de la cocina que llevaban años sin ser tocados y podían seguir así unos cuántos más!, pero me puse a vaciarlos y a organizarlos. Es impresionante cuántas cosas guardaba y ni siquiera sabía que existían. Tiré muchas cosas a la basura y otras las puse aparte para regalarlas, si no las he usado en años es que no las necesito. También me pasó algo curioso, mi esposo puso lavadoras y, cuando me di cuenta, tenía una montaña de ropa para doblar, lo hice y la guardé en el armario; todo estaba bien, hasta que puse la última camiseta de un pijama... una camiseta que no pesaba nada, pero al colocarla, la balda del armario cedió y se cayó con toda la ropa que había doblado. Menuda gracia!!


Mientras organizaba mi casa me di cuenta que necesito hacer lo mismo con mi vida. Hay cosas en el interior de los armarios de mi vida, cosas que nadie ve, incluso yo me olvido de que existen, pero son cosas que están ocupando un lugar y tienen un peso.
 

Hace tiempo leí un libro de Max Lucado que se titula “Aligere su equipaje” y ¡cuánta razón tiene! Cargamos y guardamos demasiadas cosas que solo hacen de lo que debería ser un paseo por la vida, una maratón cuesta arriba.

Cuanto más mayor me hago, más quiero simplificar mi vida, menos sofisticación, menos tonterías, menos ostentación, más paz, más arte, más tiempo, más olores, más colores, más Palabra, más Espíritu, más Dios.

Estoy en ese proceso de limpieza interior, incluso me estoy limpiando de preocupaciones por cosas que, aunque colaboro con él, son de Dios y no mías. Quiero vivir sin queja, sin depender de lo que otros hacen, sin preocuparme por agradar a las personas, aceptar mi imperfección y no culparme por equivocarme. Darme segundas, terceras y cuartas oportunidades, reírme de mí y conmigo misma. Alejarme de los arrogantes, de los chismosos, de los envidiosos, de los que compiten... buscar a los que viven en paz, en armonía con todos, de los que suman y multiplican, de los que tienen contentamiento sin resignación.

Es increíble como el ligero peso de una camiseta pudo tirar abajo una balda. A veces cargamos con tantas tonterías que una nimiedad puede derrumbarnos.


Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran. Unánimes entre vosotros; no altivos, sino asociándoos con los humildes. No seáis sabios en vuestra propia opinión. No paguéis a nadie mal por mal; procurad lo bueno delante de todos los hombres. Si es posible, en cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos los hombres. Romanos 12:15-18

 

¿Quién es el hombre que desea vida, que desea muchos días para ver el bien? Guarda tu lengua del mal, y tus labios de hablar engaño. Apártate del mal, y haz el bien; busca la paz, y síguela. Los ojos de Jehová están sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos.  Salmos 34:12-14

LGTBI: Mi reflexión

Creo que llegó el momento de decir lo que pienso y lo que siento con respecto a la comunidad LGTBI y a la ley mordaza que propone Podemos.
Para empezar he de decir que tengo un amigo gay, una persona a la que quiero y respeto, además me hace sentir querida y respetada. 
Por lo tanto no escribo desde la homofobia, ni desde el desprecio o rechazo. NO!!
Tengo mis propias convicciones cristianas con respecto a lo que Dios dice y piensa sobre la homosexualidad, pero entiendo que no puedo imponer ni mi fe, ni mis principios a nadie.
Ahora, lo que no entiendo, no comparto y rechazo completamente, es la idea de que un colectivo intente ganar unos derechos anulando los míos. 
Si queréis educar a vuestros hijos en la diversidad sexual, me guste o no, podéis luchar por ese derecho, pero lo que NO PODÉIS HACER es pretender que yo NO pueda educar a mi hijo en los valores y principios cristianos. No señores!! 
Yo tengo todo el derecho de educar a mi hijo como considere mejor, tengo el derecho a escribir, editar, vender o comprar material que comulgue con mi ideología y, NO señores!!, esto no atenta contra los homosexuales. Tengo derecho a expresar mi opinión libre y abiertamente y esto NO es un discurso homofóbico, solo es una manera de pensar en la que podemos discrepar, pero no por eso nos tenemos que odiar. Yo tengo derecho a tener un estilo de vida opuesto al del colectivo LGTBI y eso no me hace sentir ganas de que desaparezcan ni de que los torturen ni de que los quemen vivos. NO SEÑORES!! El tiempo de la Inquisición ya pasó, vivimos en países libres y democráticos, vivimos en el Siglo XXI y yo no os persigo, no voy pintando vuestros bares, ni quemando vuestra bandera. 
Pero si vais a caminar por la línea de la ley mordaza, donde queréis quitarnos el derecho a discrepar, el derecho a pensar diferente, el derecho a educar a mi hijo libremente, el derecho a reunirme con personas que pensamos igual y lo expresemos abiertamente, el derecho a usar material escrito que apoye mis creencias, entonces sí voy a hacer uso de todo lo que tenga en mi mano para defenderme y defender a mi familia.
Ahora bien... ¿cómo me siento? Me siento acosada, discriminada, amenazada, maltratada, atacada y cada vez con más ganas de defenderme. 
Voy a guardar mi corazón para defenderme desde mis derechos y no desde el odio, pero voy a defenderme. 
Porque NO señores, NO, la libertad que ustedes tienen no es gracias a otra cosa, es gracias a los principios bíblicos que rigen las constituciones de países democráticos y por ellos habéis podido luchar libremente por vuestros derechos, NO es otra la razón, son los principios cristianos, entre ellos el principio del libre albedrío el cual respeto y exijo que se respete. 
Así que miremos bien quién está reprimiendo a quién.

 

A buen entendedor...

Aleluya, Gloria a Dios, Dios te bendiga, Amén, hermanos, son palabras y frases preciosas que envuelven mucho significado. Sin embargo, una gran mayoría de los evangélicos las han abaratado hasta el punto de que son simples muletillas de un lenguaje cristianoide que sueltan al viento cada vez que hay una conversación.

Hace unos días hablaba con un buen amigo acerca de esto y de cómo muchos cristianos no saben hablar “normal”. He estado en eventos donde se mezcla un grupo de personas creyentes con otro grupo de no creyentes y he visto la incomodidad que se provoca al hablar dando por hecho que todo el mundo nos entiende.

Suele suceder en bodas, eventos benéficos, reuniones (“cultos”) al aire libre, eventos evangelísticos, etc.

Está claro que en todo lo que hagamos debemos glorificar a Cristo, pero... ¿realmente glorifica a Cristo el uso de un lenguaje que hace sentir fuera de lugar al no creyente y deja una imagen de “raros” sobre

los creyentes?

El apóstol Pablo dijo: Me he hecho a los judíos como judío, para ganar a los judíos; a los que están sujetos a la ley (aunque yo no esté sujeto a la ley) como sujeto a la ley, para ganar a los que están sujetos a la ley; a los que están sin ley, como si yo estuviera sin ley (no estando yo sin ley de Dios, sino bajo la ley de Cristo), para ganar a los que está sin ley. Me he hecho débil a los débiles, para ganar a los débiles; a todos me he hecho de todo, para que de todos modos salve a algunos. Y esto hago por causa del evangelio, para hacerme copartícipe de él. 1Corintios 9:20-23

Más claro agua! Me gustaría que en Vida Cristiana nos caracterizáramos porque somos personas capaces de hacernos a todos por causa del Evangelio. Que nuestro lenguaje sea tan elocuente con los elocuentes, tan sencillo con los sencillos, tan de la calle con los de la calle, tan edificante con nuestra familia de la fe, tan simple con los niños, tan divertido con los jóvenes, tan respetuoso con las autoridades, tan lleno de amor con los necesitados, tan natural con todos.

Desafortunadamente la falta de sabiduría para hablar el lenguaje correcto con los no creyentes es una de las razones por las que nos repelen y esto queridos, no da la Gloria a Cristo.

A buen entendedor, pocas palabras.

 

Árbol que crece torcido...

Mi esposo tiene una frase que suele repetir muy a menudo: El hombre es experto en poner etiquetas y Dios en quitarlas.

Hace unos días vi en las redes sociales la foto de una persona que hace más de veinte años que no la veo. Tristemente lo primero que vino a mi cabeza fueron recuerdos negativos y tuve una sensación de rechazo.

 

Sin embargo, en ese momento, el Espíritu Santo empezó a traer a la memoria mi juventud. Aunque nací y crecí en un hogar cristiano, no se puede decir que fui el miembro que todo pastor anhela tener.

 

Tuve mi época de desencanto con la iglesia como institución, me decepcioné y, no solo viví las equivocaciones de otros, no, yo también cometí errores y muchas veces mi conducta dejó mucho que desear.

 

Y entonces me pregunté ¿cuántas personas, hoy en día, si vieran una foto mía pensarían que soy rebelde, indiferente, desafiante, hippie (bueno, de eso todavía tengo un poco), de izquierdas-izquierdas y un poco revolucionaria?

 

Fue entonces que entendí que han pasado veinte años y si Dios ha trabajado en mi vida, ¿qué me hace pensar que no lo ha hecho en la vida de los demás? ¿Por qué le niego a los demás la oportunidad de mostrar la obra de Dios en ellos? ¿por qué mis ojos y mis pensamientos no manifiestan la gracia de Dios?

 

Personas que en el pasado me hirieron, hoy pueden ser grandes hombres y mujeres de Dios; otros que pecaron (ni más ni menos que yo), hoy pueden estar predicando en un púlpito. No hay ningún argumento que valide mi rechazo.

Pero es que los seres humanos somos así, ponemos etiquetas y cuando la gente muere queremos colocarle la etiqueta como epitafio. Si un día me estafó, estafador será por los siglos de los siglos; si un día me mintió, será indigno de mi confianza para siempre; si un día me calumnió, publicaré su infamia por la eternidad.
 

Y lo peor de todo es que no solo llevamos a esas personas etiquetadas en el corazón, sino que las exhibimos delante de otros y ahí empieza otro gran problema: El Prejuicio.
 

El prejuicio hace referencia a un juicio infundado, tomar información para emitir un juicio, sin verificar su veracidad. Yo te puedo decir que Pepito es un cara dura que se va a aprovechar de ti, porque un día, hace 10 años se aprovechó de mí; y en su momento fue real: Pepito ERA un sinvergüenza. Pero oye!, han pasado 10 años, diez! Diez años con sus noches y sus días, con sus doce meses incluidos. Pero tú me escuchas y te niegas la oportunidad de conocer a Pepito; cuando lo ves venir, automáticamente tu mente dice: Ahí viene el sinvergüenza de Pepito.

 

No seamos agentes vendedores de prejuicios, no sembremos en el corazón de nadie semillas de rechazo. Si Dios ha sido bueno conmigo y ha trabajado y moldeado mi vida en estos 20 años, ¿por qué razón voy a pensar que no lo ha hecho con mi amigo, conocido o hermano en la fe?

 

Si Dios se ha tomado el tiempo, la paciencia y la misericordia para formar mi carácter, afianzar sus principios y perdonar mis pecados, ¿por qué razón sublime no lo ha de hacer con los demás?

 

Cuida los ojos, los oídos, la boca y la mente de los que te rodean, no siembres rencores ajenos en tus amigos, no heredes discordia a tus generaciones. Valida la gracia de Dios dando nuevas oportunidades a aquellos que en el pasado se equivocaron contigo. Yo lo voy a hacer. ¿Por qué? Porque quiero que lo hagan conmigo, quiero que cuando veas mi foto, no veas mis errores, sino la gracia y la misericordia de Dios sobre mí.


P.D. No voy a comprar más etiquetas que me quieran vender, no voy a incubar prejuicios.
 

Escala de valores

Estoy pensando en lo bien que me sentarían unas vacaciones a solas, sí, me encanta la soledad, disfruto el silencio, el sonido del pasar de las páginas de un buen libro que huele a papel nuevo.

Otra de mis aficiones es leer el periódico, sin embargo, este hábito me hace volver a la realidad, me olvido de esas vacaciones extraordinarias que no van a llegar, por lo menos de momento, y entonces empieza la reflexión: El presidente del gobierno va a declarar como testigo en uno de los muchos casos de corrupción; el empresario más rico de Canarias es procesado por prostitución de menores; la deuda pública se sitúa en el 99.69% del Producto Interior Bruto; un hombre que graba un crimen en directo por Facebook se suicida y así, una tras otra, llegan las noticias que me hacen pensar en la realidad de la sociedad en la que vivimos. Si nos centramos en estas noticias o en otras más crueles como la pederastia, la violencia de género, el terrorismo, etc., entonces casi que empiezo a entender a esos amigos que defienden a los animales y no les preocupa el sufrimiento humano.

Hemos llegado a tal degradación, que parece más ético defender el planeta, los gatos, los perros, los toros, que sufrir por la muerte de los que escapan de la guerra, de los refugiados, de los niños que mueren por gases tóxicos.

 

Es tal nuestra realidad, que lo que antes era malo hoy es una nimiedad comparado a lo que tenemos enfrente y así vamos cambiando nuestros valores. Como ahora la maldad y la violencia se han incrementado, entonces mi nivel de misericordia también se ha alterado y ya no siento compasión por mis iguales. Ya no amo a mis semejantes, no se lo merecen.

El fin de semana pasado celebramos la Pascua y es aquí cuando llega otra vez el orden a mi interior: Él, Jesús de Nazaret, inocente, puro, santo, lleno de misericordia y compasión, caminó hacia el calvario, soportó azotes, clavos, espinas, lanza, escupitajos y burla... todo por amor, sí, por amor a una humanidad degradada, llena de odio y violencia, una humanidad que vive por sus instintos más bajos y oscuros.

 

Él en mí, su amor en mí, su perspectiva de la humanidad en mí, eso me hace volver a creer en el ser humano y en la posibilidad de que Dios entre en una vida, en la peor vida, y traiga orden, paz, transformación y vida eterna. Vuelve la compasión, vuelve la fe en que el ser humano puede cambiar. Ser cambiado.

2017, ¿sí o no?

Leía en “El Periódico” un resumen del año 2016 donde Xavier Jubierre denomina al año que hemos terminado como el año del NO. Un año donde los ingleses han dicho NO a la Unión Europea, los americanos, votando a Trump,  han dicho NO al “stablishment”, los líderes occidentales para solucionar la crisis de los “refugiados” han dicho NO a la integración y se les ha dejado malviviendo en Turquía y algunos en Grecia. Por otro lado en España vivimos un “singobierno” durante casi todo el año, donde lo que mejor recordamos es aquello de NO es NO. Los acusados de corrupción también han tenido su particular NO: No recuerdo, no sé, no fui yo. Así pues resumo a Jubierre y su visión del 2016.

Gracias a Dios el 2016 terminó. Con él se llevó a grandes músicos, se llevó muchas vidas en atentados terroristas, se llevó a Fidel Castro, Mohamed Ali, se llevó a casi todo un equipo de fútbol, el Chapecoense, desconocido para muchos hasta el momento de la tragedia. Y más cerca de nosotros, los valencianos, se llevó a Rita Barberá, exalcaldesa de nuestra ciudad.

2017 tampoco es que nos sonría o nos haga un guiño, en realidad todo sigue igual y también se llevará a unos y dejará mal sabor de boca a otros.

Jesús dijo: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida; nadie viene al Padre, si no por mí (Juan 14:6). No hay afirmación más contundente dicha por un hombre que ésta. ¿No sabes por dónde caminar? Yo soy el Camino. ¿No sabes qué creer? Yo soy la Verdad.

El problema del ser humano es que nos hemos vuelto tan autosuficientes que creemos que podemos decir NO a todo y reconstruir nuestra vida y nuestro futuro. Decimos NO al gobierno, NO a los sistemas, NO a la religión, NO a las reglas, NO a Dios. Sin embargo cuanto más caminamos con el NO por delante, más nos damos cuenta de que nuestra sociedad, y por ende nuestra vida, se va al garete. Somos tan libres, pero tenemos miedo de dejar a nuestros hijos en manos de esta sociedad, somos tan poderosos, pero vivimos a la defensiva para que nadie nos oprima. Somos tan inteligentes que cada vez destruimos más y más nuestro hábitat.

¿Y este año? ¿Cuántas veces le vas a decir que NO a Dios? NO te metas en mi economía, NO te metas en la educación de mis hijos, NO te metas en mis resentimientos, NO te metas en mi matrimonio, NO te metas en mi tiempo, No te metas en mis prioridades, No te metas en mis hábitos.

Pero pensemos por un momento: ¿Qué significa un Sí a Jesús? Si él es el Camino, eso significa encontrar sentido, dirección, destino, propósito. Si él es el Camino, significa que podemos caminar confiados en que llegaremos a un destino, que ese Camino tiene un propósito y por lo tanto nuestra vida también. Ese Camino nos da un sentido, no deambulamos, no damos palos de ciego, no vemos la vida pasar delante de nuestros ojos, no nos sentamos a contemplar cómo pasa un año más sin pena ni gloria.

Decirle Sí a Jesús significa libertad. ¡¡Conoceréis la Verdad y la Verdad os hará libres!! (Juan 8:32) Él es la Verdad que nos hace libres de nuestras propias mentiras, esas que nos hacen creer que somos autosuficientes, que no necesitamos a nadie, que lo sabemos todo, que somos superiores. Esas mentiras que nos han llevado a la autodestrucción.

Decir Sí a Jesús es decir Sí a la Vida. Yo he venido para que tengan vida, y vida en abundancia (Juan 10:10). La vida no es respirar, no es abrir los ojos cada mañana, la vida es mucho más que eso, Vida es armonía, equilibrio, estabilidad, paz, alegría, proyección de futuro, fe.

Que 2017 venga lleno de Propósito, Destino, Libertad y Vida. Que venga lleno de Jesús.

 

 

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